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domingo, 13 de septiembre de 2015

El autor de 'El Aleph engordado'


“Escribí una obra, no una versión corrupta de Borges”

El autor de “El Aleph engordado” recuerda que era Borges quien sostenía que siempre se escribe sobre otros textos precedentes.
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Es autor de diez libros, varios de ellos traducidos, pero no le gusta presentarlos ni busca entrevistas. Sobre las declaraciones de su retadora, acerca de que él buscó montarse en la fama de Borges, le resultan deprimentes: “Hacerle un juicio penal a un escritor y luego salir a decir que solo busca publicidad...”. Desde que afronta la querella de María Kodama en torno a El Aleph engordado, destaca Pablo Katchadjian, no dio notas sobre el tema, esperando que la Cámara de Casación lo sobreseyera o que la viuda de Borges desistiera del proceso. Y sobre la oportunidad perdida de zanjar la disputa con un perdón formal y un peso simbólico –la "libra de tinta”, para citar El Mercader de Venecia–, sostiene que no fue la única condición para cancelar la amenaza de un segundo juicio civil. El reivindica su obra como “un trabajo formal, no temático, que reelabora las tensiones que hace de por sí la literatura”.
–¿Cuál juzgás que es tu aporte?
–Vuelve literal la cuestión básica de que siempre se escribe sobre otros textos precedentes. Eso decía César Aira al escribir sobre el libro, antes de que se iniciara la querella. Y no es casual la elección de Borges y de El Aleph; es el autor que puso esto en primer plano. Seguimos dos estrategias en mi defensa (a cargo del abogado y también escritor Ricardo Strafacce): la primera es que no existió dolo, es decir, afán de lucro. La segunda es que era una obra, un libro, no una versión corrupta del original. Claramente, esto no es Borges.
–Por un lado, la historia de la literatura te asiste: toda creación es una relectura. Pero la Justicia ha dicho que hay “defraudación”, es decir, plagio. Algunos señalan que el agujero, tan luego, está en la legislación sobre derechos de autor.
–El planteo de la querella que lleva mi libro a juicio supone que no es un libro mío ni un texto, sino una obra de piratería, un texto deformado, que no hay transformación.
–Se imprimeron 200 ejemplares del libro y no se reeditó; solo quedó en Internet. ¿Por qué?
–De hecho, cuando empezó el juicio ya no quedaban ejemplares impresos. Es que nunca tuve la idea de publicar el libro.
–Si existiera un compás de “clemencia” de parte de Kodama, ¿aceptarías hoy pagar la “libra de tinta” en forma de un peso simbólico?
–No fue tan así como cuentan. Para desistir de la causa civil de reclamo económico, me exigían que asumiera los honorarios. El peso simbólico no cubría esos gastos, aunque ahora digan lo contrario.
M.S.

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