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miércoles, 26 de marzo de 2014

SALÓN DEL LIBRO ARGENTINO DE PARÍS


El salon del libro de París se ubica en el suroeste de la ciudad y en el suroeste del mundo, visto desde una perspectiva eurocéntrica. La cita ha abierto esta tarde sus puertas al público en el Parque de Exposiciones de París de la Puerta de Versalles, para propiciar el encuentro entre escritores y público y vigorizar su ya de por sí potente industria cultural.
Si el apóstrofe es esa figura que consiste en "dirigir la palabra con vehemencia en segunda persona a una o varias, presentes o ausentes, vivas o muertas", según el Diccionario de la Real Academia, el salón adopta esa figura este año al convocar a los autores de Argentina, país invitado, y al finado Julio Cortázar, escritor bruselense de nacimiento y afrancesado por ventura/vocación de cuyo nacimiento se celebra el centésimo aniversario.
El Salón de París, que ya tuvo en 2011 y en 2012 como invitada a la ciudad de Buenos Aires, presenta este año, entre otras novedades y actividades de homenaje a Cortázar, sus Pages inespérées (Papeles inesperados), recién publicadas por Gallimard en una versión editada por Aurora Bernárdez y Carles Álvarez Garriga y traducida por Sylvie Protin. El sábado, Silvia Baron Supervielle intentará descifrar la "afinidad por elección" entre París y Cortázar, y el pabellón argentino honrará este domingo al autor de Rayuela, al que dedica una gran exposición.
Cortázar, francés de adopción, se sabía argentino por transmisión filial y oral. Pero, puestos a precisar, y para evitar cualquier tentativa de apropiación, es bueno recordar que en 1974, cuando el periodista Bernard Pivot le inquirió por sus orígenes en la televisión francesa, el escritor se definió no tanto como argentino sino como "un latinoamericano", mientras explicaba que había donado el prestigioso Premio Médicis "a la resistencia chilena" contra la dictadura militar.
Julio Cortazar, mirando libros en un mercadillo en París. / GETTY
Se ha hablado ya de los desencuentros producidos por laspresencias/ausencias de escritores argentinos en el Salón. De las manifestaciones de autores como Martín Caparrós, de las declaraciones del director, Bertrand Morisset, y de laencendida respuesta de Ricardo Piglia. Pero no se espera que llegue la sangre al río, metafóricamente hablando, como ocurrió en 2012, cuando una embarazosa y ruidosa manifestación contra Silvio Berlusconi en la feria puso de los nervios a las autoridades de Italia, que era entonces el país invitado.
En esta edición, las ocasiones de descubrir la riqueza literaria y de pensamiento del Cono Sur son múltiples para los asistentes. Para celebrar el flujo en ambos sentidos que opera entre el país anfitrión y el invitado, se presenta una Antología de letras argentinas en Francia/Letras francesas en Argentina. En la jornada inaugural se celebró un encuentro sobre la manera de tratar la dictadura argentina en literatura al que estaban invitados Martín Kohan, Leopoldo Brizuela, Tununa Mercado y Laura Alcoba.
El sábado se debatirá sobra la importancia de las ayudas a la traducción en el marco del programa SUR del Gobierno argentino. Ese día está previsto que Joaquín Lavado, Quino, padre de Mafalda, participe en un encuentro a mediodía con motivo del quincuagésimo aniversario de la creación del personaje y al hilo de la edición de de sus obras completas en Glénat. Otra mesa redonda abordará la cuestión de ¿Por qué, en Francia como en Argentina, la ciudad inspira a tantos escritores? Y la obra de escritora Victoria Ocampo (1890-1979), inspiradora del enamoramiento franco-argentino, será objeto de un debate bajo el título Je me souviens….
En cualquier caso, el eco que han tenido en Francia las divergencias de criterio y las acusaciones de injerencias en el caso argentino son una señal del interés que despierta el salón como escaparate y termómetro sociocultural en un país que protege a la industria del libro, siente una auténtica veneración hacia los escritores y convierte en un acontecimiento nacional la rentrée litteraire de septiembre. Y que este semana, precisamente, celebra la semana de la lengua francesa y la francofonía.
En la programación de este año figuran, además de todo lo que rodea a Argentina, y las novedades de primavera de las editoriales, una selección de autores chinos bajo el epígrafe de Shanghai, ciudad invitada, un stand dedicado a la otra gran efeméride del año, la de la Gran Guerra, y apartados dedicados a la literatura escrita por mujeres y a la novela gráfica. Igualmente, el ensayo —forma de creación privilegiada en Francia, para solaz de sus adeptos— y la ficción con fuerte anclaje en la actualidad estarán presentes en debates sobre la discriminación racial, el feminismo y la contestación social, con presencia de representantes de Delcourt, Grasset, Fayard, Gallimard, Albin Michel, CNRS Éditions, Robert Laffont, Seuil, y Presses de Sciences Po, entre otros sellos editoriales.
En lo que respecta a la era digital, no se puede decir que el Salon del Libro no muestre apertura de miras: meses después de la polémica que enfrentó a los editores y libreros contra Amazon por la política fiscal de los libros y su distribución comercial, la multinacional estadounidense presenta su taller de autoedición Kindle Direct Publishing, y la empresa francesa Createspace hace lo propio, animando a los autores a circunvalar a los editores tradicionales.

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