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domingo, 12 de enero de 2014

Sobre los suplementos culturales

"Hoy a los suplementos culturales les falta un poco de humor y ganas de reírse"

 Es el mítico editor y productor detrás de las grandes producciones literarias y musicales de las décadas del '60 y '70 en Argentina. Regresó al país luego de años en España y a los 81 años trabaja en su propia colección de libros en la Biblioteca Nacional.    

por Mariano Zamorano
Cómo conviene presentar a Jorge Álvarez? ¿Qué nombres propios que hayan pasado por su editorial o sello discográfico no entran entre las celebridades de la literatura y el rock nacional de las décadas del 60 y 70? ¿Qué dejó su paso de varias décadas en España y qué trajo su regreso al país? Una ayuda para comenzar a desentrañar alguna de las respuestas puede encontrarse en el apéndice del libro Memorias (Libros del Zorzal), que Jorge Álvarez publicó en septiembre de 2013, donde figuran los más de 200 libros que la editorial que llevó su nombre lanzó entre 1965 y 1968, y la discografía del sello Mandioca, La madre de los chicos y su sucesora Talen Microfon.


El encuentro se produce en el patio central de un hotel de la calle Gallo, en el barrio de Palermo, y enseguida Álvarez dice estar agradecido y sorprendido por el recibimiento que tuvo en el país, luego de que un conjunto de factores incidieran en su vuelta –dentro de los que ubica la crisis económica, "el corrimiento a la derecha" del gobierno español y su presencia durante los festejos del Bicentenario en pleno centro porteño–. "Mi regreso ha sido muy sospechoso. Coincidí con los festejos del Bicentenario que se realizaron en la Avenida 9 de Julio, y me pareció todo muy alegre y novedoso. Ya venía hablando con gente de acá que me llamaba y me pedía que volviera. Uno no puede evitar entusiasmarse. Con mi retorno, a Horacio González se le ocurrió hacer en la Biblioteca Nacional una muestra homenaje (Pidamos peras a Jorge Álvarez) y tuvo mucho éxito. Hubo mucha gente interesada, así que me encontré divertido y haciendo reír a las personas." 
Figura histórica del campo cultural, Álvarez dice que en la actualidad una parte de sus lecturas fijas las dedica a los suplementos literarios y de espectáculos de los diarios nacionales. "¿Sabés qué le falta a los suplementos culturales? Un poco de humor, simpatía, ganas de reírse. Son como demasiado serios. Antes estaban Oski, Copi, Mafalda y Landrú, y la gente tenía ganas de reírse, no se tomaba mucho en serio nada, y por eso yo me llevaba bien con todos." 
De alguna forma, la semilla de su trabajo de editor puede relacionarse con su particular relación con el peronismo (ver recuadro aparte) y una fallida primera biografía de Evita que David Viñas se rehusó a escribir, luego de que Juan José Sebreli tomara como propia su idea. La anécdota es conocida y Álvarez no pierde oportunidad en narrarla: corría el año 1961 y era empleado de la librería que regenteaba Roque Depalma Editor, cuando Viñas se acercó y le contó que preparaba la biografía de Eva Perón. El hasta ese momento joven empleado de confianza, conociendo la característica de librería de textos jurídicos de Tribunales, les sugirió a sus empleadores bajo amenaza de renuncia que editaran el libro. Tras la previsible negativa (los jefes alegaron "cuestiones políticas"), Álvarez decidió abrir su propia librería/editorial, ubicada en Talcahuano 485, dando comienzo a la leyenda. "Lo curioso fue que ese libro de Viñas jamás apareció por culpa de Juan José Sebreli, que cuando leyó que David estaba embarcado en ese proyecto se adelantó y se puso a escribirla él. Sebreli fue vivo y rápido, pero se terminó jodiendo. La biografía de él no era importante y lo poco que escribió David y llegué a leer, sí lo era", dice Álvarez –quien unos años después de ese encuentro fallido con Viñas tuvo su revancha al publicar Literatura argentina y realidad política.
"Lo nuevo de Jorge Álvarez", comenzó a ser el pedido frecuente que recibían los libreros. Rodolfo Walsh, Ricardo Piglia, Rodolfo Puiggrós, Juan José Saer, Ricardo Rojo (según Álvarez "el primer autor de un libro sobre el Che Guevara") fueron algunos de los autores que dejaron huellas en las distintas colecciones de la editorial.   
En tiempos donde grandes editoriales lanzan colecciones bajo el rótulo de "nuevo boom de crónica latinoamericana", la colección que apareció entre 1965 y 1969 por la editorial Jorge Álvarez sirve como insumo para refutar el adjetivo comercial de "nuevo". Dirigida por Julia Constenla, a cargo de la publicación de 21 títulos, la colección abarcó desde Crónicas del amor (con textos de Silvina Bullrich, Marco Denevi y Liliana Heker), Crónicas del Paraguay (Gabriel Casaccia, Jorge Rodolfo Ritter y Josefina Plá), Crónicas de Norteamérica (William Faulkner, Thomas Wolfe y Ring Lader), Crónicas de Latinoamérica (Juan Rulfo, Gabriel García Márquez, Guillermo Infante), Crónicas del sexo (Eugenio Cambaceres, Manuel Mujica Láinez y Piri Lugones) y Crónicas para las fiestas (Truman Capote, Ricardo Guiraldes y Antonio Gramsci). "Más allá de la veta comercial que pueden llegar a tener las editoriales actuales, me alegra el interés que está generando la crónica. Soy de los que piensan que ese boom del que se habla ahora se produjo desde mediados de los años sesenta. Hay que prestarle atención a los cronistas, incluyendo las grandes plumas como Rodolfo Walsh y Francisco Urondo, que también pasaron por la colección."
El adiós a los libros llegó en 1968, año que Jorge Álvarez recuerda como aquel que Krieger Vasena y Juan Carlos Onganía decidieron ponerse monetaristas, desnacionalizar la economía y desproteger al empresariado argentino. El hecho de ser un "capitalista sin capital", la decisión de no vender la editorial para que otros vendieran libros en su nombre, ni llamar a acreedores para solicitar confianza hicieron que el editor pasara a ser productor musical. Lejos de recordarlo como un momento traumático, Álvarez dice que era una época notable para sumergirse en el mundo de la música y ayudar a que la sociedad conociera al notable semillero que sería el "motor del nacimiento de rock en español". De esta forma a fines de los sesenta nació el sello Mandioca, definido por Álvarez como el primer sello independiente de rock de Buenos Aires y, quizás, de América Latina. Fueron tiempos de invitaciones a conciertos en alcancías con formas de manzana con la inscripción "rompeme", y un tal Luis Alberto Spinetta, con la certeza de que Álvarez había comenzado a terminar con la tradición de la música comercial del país. "Miguel Abuelo, Pappo, Manal, Vox Dei, eran todos músicos vivos, inteligentones, que se reían de todo. Tuve mucha suerte de conocerlos y trabajar con ellos", dice Álvarez.
A comienzos de la década del setenta, en el sello Talent Microfon –"sucesor natural de Mandioca"- conoció junto a Billy Bond y el Gordo Pierre a dos chicos del colegio Damaso Centeno: Charly García y Nito Mestre. Del primer encuentro pasaron sólo 24 horas para que Sui Generis tuviera su primer contrato. "Mi relación con Charly fue horrenda, nos llevamos muy mal, pero con respeto. Yo sé que él es el mejor y él sabe que yo soy el mejor. Alguna vez dijo que yo era la única persona que había conocido en el mundo de la música que sabía lo que hacía. Me pidió que llevara a Sui Generis al BA Rock cuando no los conocía nadie, y llevaban años dando vueltas sin respuestas. Charly no creía que le iba a hacer firmar un contrato. Era un imberbe y yo ya era madurito, hacía diez años me había fumado mi primer joint. Cuando le presenté a David Viñas comenzó a tener ideología política. Hasta ese momento había sido un crítico de las costumbres", recuerda.
A medida que transcurría la década, la represión y la censura aumentaban. De la vía negociadora (cambiar el nombre del disco de Sui Generis Pequeñas anécdotas sobre las instituciones, que en un comienzo iba a llamarse Instituciones), a la desaparición de amigos como Rodolfo Walsh, Haroldo Conti y Paco Urondo pasó poco tiempo. Harto de la persecución y la paranoia como forma de vida, en 1977 Álvarez optó por el exilio en Río de Janeiro, Caracas, Nueva York y, finalmente, España. 
"Llegué con 10 dólares prestados y pude conseguir trabajo en CBS", dice Álvarez, que demostró ser jugador de todas las canchas, pasando de ser fundador de un sello vital para el desarrollo del rock argentino frente a la "basura pop que consumía el país", a trabajar bajo la presión de encontrar al "Sui Géneris español" que fue Mecano y un posterior y poco recordado descubrimiento de Marta Sánchez, que incluyó la grabación de su primer single y las primeras apariciones televisivas. "Me contrataron por cinco años para que encontrara al grupo del éxito y tardé un año y medio."  
Puesto en perspectiva de todos los lugares y artistas con los que le tocó trabajar, Álvarez reconoce que Luis Alberto Spinetta y David Viñas son las dos personas con las que le hubiera gustado haber creado más cosas. "Con Spinetta trabajé mucho pero no todo lo que hubiera querido. Sin dudas, fue uno de los mejores compositores de la Argentina. David Viñas se murió joven. Me hubiera gustado hacer diez libros más con él. Era muy inteligente y cumplía la máxima de ponerle inteligencia a un fin determinado." 
El 2013 encontró a un Jorge Álvarez activo, nuevamente trabajando en el país en la producción musical (ver recuadro aparte), y encabezando el lanzamiento de Obras Completas, de Germán Rozenmacher, y Tres historias pringlenses, de César Aira, como los dos primeros libros de la colección Jorge Álvarez lanzada por la Biblioteca Nacional. "Yo no sabía quién era César Aira, pero lo leí y me pareció serio. Cuando me preguntan qué libros seguirán en la colección respondo que primero disfrutemos de los dos que se acaban de publicar. Me sirve para disimular que no tengo idea cuáles serán los próximos. Alguien me recomendó que hiciera uno de historia, con próceres argentinos donde cuente la historia de cada uno de ellos. Estoy trabajando en eso pero no sé si algún día se publicará." 
"Me tratan como si fuera un prócer, íntimamente me siento así pero no lo digo porque me da vergüenza. Igualmente yo tiendo a desacralizar, a quitarle a todo el hálito de cosa sagrada. Sagrado debe ser el gato, después nada más", asegura Álvarez.  A los 81 años, antes de despedirse, se muestra algo nostálgico y asegura que "cuesta trabajo ser joven". «
 
 
el rocanroll de perón: encuentros con el general
 
En su libro Memorias, Jorge Álvarez dedica un espacio considerable a los vaivenes personales con Juan Domingo Perón. De origen antiperonista, el primer encuentro de ambos se produjo en 1967 en Puerta de Hierro, en la quinta donde Perón pasó gran parte de su exilio en España, y a la cual Álvarez llegó por intermedio del empresario Jorge Antonio. 
"Yo me hice peronista y le pedí disculpas por haberme alegrado cuando lo sacaron del gobierno. Cuando llegué, él estaba en una reunión con estudiantes y ferroviarios, vino, me dio un apretón de manos y una palmadita en el hombro y yo ya estaba entregado. Le dije 'discúlpeme, general, yo era un pelotudo en esos tiempos', y me dijo que me olvide, que siete de cada diez personas que lo visitaban le decían lo mismo". 
Difícilmente, en ese momento alguno de los dos pudo siquiera imaginar que cinco años después volverían a estar en contacto –esta vez en la Argentina–, por pedido expreso de Perón. "A comienzos de 1973 a través de la Juventud Peronista me pidió organizar un festival para que la juventud conociera la fórmula presidencial que resultaría ganadora en marzo, Cámpora - Solano Lima", recuerda Álvarez. "¿Qué van a conocer si eran antediluvianos? Los representantes políticos tenían entre 70 y 80 años, andaban con chalecos y los chicos que iban al recital tenían 20. ¿Te parece que puede salir bien? Todos fingíamos por Perón, así que imaginate lo que fue", dice. 
A pesar de esto, el festival –realizado en el Estadio de Atlanta– contó con la presencia del propio Cámpora junto a Billy Bond y La Pesada del Rock and Roll, en lo que se recuerda como uno de los primeros contactos entre rock nacional y militancia política. 
"El perfil del público era más rockero que militante, no había ese ambiente típico de los actos, con banderas y consignas ideológicas, pero justamente por esa razón el encuentro tenía un significado profundo y novedoso, porque para los rockeros –al menos en este país– nunca había existido la política", escribe Álvarez en sus memorias. 
Lo cierto es que a fuerza de unos pocos encuentros personales, su inicial antiperonismo rabioso se convirtió en una grata relación y pieza del armado político para que la tercera presidencia de Perón llegara a la juventud. 
"Perón era muy simpático. Te compraba enseguida aunque no estuvieras en venta. El festival en Atlanta no podía salir bien nunca, pero me convenció de hacerlo. Chapeau absoluto a él." 
 
 
despuntando el vicio
 
Además de estar a cargo de la edición de la Colección Jorge Álvarez de la Biblioteca Nacional, el regreso al país no alejó a Álvarez del mundo de la música. El grupo de punk rock de zona norte Iwánido –que tiene más de diez años, reconoce influencia de bandas como The Pixies, Hellacopters, Jane's Adiction, Ramones y actualmente está grabando su cuarto disco– es el preferido de Álvarez, que gusta de asistir a los conciertos y señalar los ritmos que deben manejar con el público. La reversión de "Despeinada", el tema original de Palito Ortega, con una guitarra distorsionada y comercial fue ideada por el propio Álvarez. "Me gusta trabajar con ellos porque tienen mucha polenta, talento y son divertidos", dice Álvarez y los califica como un poco ingobernables e irrespetuosos, como él. 
Por su parte, Nahuel Llioni, guitarrista de Iwánido, agradece el trabajo constante que Álvarez realiza por la banda. "Está trabajando con nosotros, nos caga a pedos, nos da consejos, nos viene a ver, nos está entrenando desde hace un par de años. Decimos que es como un coach que nos entrena y pone en orden las cosas que no funcionan y estamos haciendo mal. Pienso que es la persona en la Argentina que más sabe del negocio de la música. Nos dice que las horas que ensayemos son las horas de vuelo que vamos a tener, y que cuanto más ensayemos mejor vamos a tocar. También nos ayuda a armar la lista de temas en los recitales, nos dice cómo nos conviene ordenarla y qué trucos nos conviene aplicar sobre el final de los temas. Son cosas básicas, que quizás uno las toma como obvias y al final no te das cuenta y las dejás de lado."