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domingo, 28 de julio de 2013

Feria del Libro Independiente y Autogestiva (FLIA)

La FLIA, el bastión de la autogestión que crece y se expande por Latinoamérica

Escritores y editores independientes, artistas plásticos, músicos, artesanos y fotógrafos realizaron la 23º edición de la Feria del Libro Independiente y Autogestiva (FLIA) de Buenos Aires, en los alrededores del ex Padelai.

    A las cuatro de la tarde del sábado, los dos agentes de la Policía Metropolitana se dieron por vencidos. La cantidad de gente que recorría los puestos de la Feria del Libro Independiente y Autogestiva (FLIA) hacía imposible mantener abierta al tránsito la calle Balcarce. Más temprano, los policías se habían opuesto al corte de calle alegando que los feriantes no tenían permiso. Por un potente equipo de sonido, se podía escuchar a diferentes bandas de músicos que se turnaban para tocar en el escenario ubicado dentro del patio del que alguna vez fue el Patronato de la Infancia, mientras varios artistas callejeros pintaban sus diseños en las viejas paredes del edificio.
    Los chicos que recorrían los puestos acompañados de sus padres, se mostraban más interesados en los libros al darse cuenta de que las personas que atendían del otro lado del tablón eran también los autores de la obras. Entonces aprovechaban para hacer todo tipo de preguntas. Un joven fotógrafo exhibía sus fotografías estenopeicas, mostraba a todos los interesados los artefactos con los que capturaba sus imágenes y explicaba cómo trabajar la película para lograr ese efecto. Porque desde hace unos años, la FLIA sumó también a artistas de diferentes disciplinas que buscan conectarse con la comunidad fuera de los canales tradicionales.
    Si bien la primera FLIA fue organizada en Buenos Aires en 2006 por escritores y editores independientes, sin ayuda gubernamental ni privada, su modelo de gestión abierta y horizontal fue replicado por artistas de muchas provincias que hoy trabajan en red, y realizan intercambios tanto de experiencias como de obras. Incluso en los últimos años, este tipo de ferias ya se realiza en las capitales de Chile, Uruguay, Brasil, México y Colombia.
    “Este año hicimos una coedición de libros con una editorial chilena”, cuenta Pablo Struchi, responsable de la editorial )El Asunto(. “La Polla Literaria editó en Chile varios libros de escritores argentinos y nosotros editamos obras de autores chilenos. De esta manera, buscamos un camino de intercambio diferente que le posibilite a los jóvenes autores latinoamericanos una distribución de su trabajo”.
    Tras haber recorrido plazas, bares y playas para vender sus libros, Guillermo De Postfáy, un porteño afincado hace 10 años en Capilla del Monte, fue uno de los promotores de la creación de la FLIA y hoy cuenta con 17 títulos editados por él mismo.“Si uno se ocupa de ofrecerlos, los libros se venden. Así que siempre recomiendo a mis colegas imprimir la mayor cantidad posible”, asegura el autor de Yerba Mate libre, que lleva vendidos más de 10 mil ejemplares.  “Hoy imprimir un libro cuesta alrededor de 10 pesos, así que yo los vendo a 20 pesos porque prefiero que la obra se lea y no me importa sacarle un gran porcentaje de ganancias”, dice De Postfáy, uno de los escritores más populares de la Feria.
    “Cuando vendés los libros, recibís criticas inmediatas, y en mi caso eso modificó mi escritura. Me pasó de publicar un texto, salir a venderlo y en la siguiente edición corregí algunos errores en base a los comentarios que recibí de los lectores”, sostiene Dafne Mociulsky, autora de 12 títulos en los que se puede encontrar narrativa y poesía. 
    Anahí Ferreira, que comparte con Mociulsky la editorial Las desenladrilladoras, cuenta que cuando empezó a vender sus libros en 2003 atravesaba una situación económica muy difícil: estaba sin trabajo. “Lo único que sentía que quería y podía hacer era escribir, así que preferí invertir los pocos pesos que tenía en imprimir unas copias de mi libro y venderlos en el subte, que ir a recorrer editoriales”. Y agrega que “la Feria no sólo nos permite ayudarnos entre los escritores para editar y presentar los libros en otros lugares del país, sino que además nos facilita el encuentro con el público interesado en nuestra literatura”. 
    Además de albergar escritores y editores independientes, la FLIA es un movimiento que auspicia el crecimiento de diversos proyectos. Uno de ellos es La Libre, una librería independiente que abrió sus puertas hace 3 años en Bolívar 646, San Telmo, donde también funciona un centro cultural. “Mi socio, Simón Ingouville, recorre todo el país y algunos países de Latinoamérica para ofrecer un variado catálogo de obras de escritores que pertenecen a la FLIA, así como también de jóvenes autores sudamericanos que no se pueden encontrar en Buenos Aires”, cuenta Darío Semino, dramaturgo y novelista, además de uno de los responsables de la librería independiente.  
    Este colectivo de artistas se reúne todos los martes para decidir dónde y cómo organizarán la próxima feria. Los encuentros están abiertos a todos los creadores que quieran participar de este modelo de autogestión cultural, que les permite dar a conocer su obra sin necesidad de contar con el apoyo de empresas o subsidios gubernamentales.

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