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viernes, 5 de octubre de 2012

Magritte como pintor surrealista


René Magritte




Problematiza Magritte poéticamente la percepción, con acciones conscientes contra lo real. Estructura pictóricamente una semántica reñida con la nominación y lo nominable para ofrecernos una obra interlocutora del inconsciente. En oposición a la armonía Magritte se las ingenia para exponer dilemas que se apoyan en un origen recurrentemente intelectual. Bélgica 1898. René Francois Ghislain Magritte , su madre se suicidó. Surrealismo L luz intensa producida por un rayo pertinaz y que rompe nuestros contactos con lo terreno.

Influenciado inicialmente por Giogio di Chirico, Magritte descubre poco a poco, la fuerza de un lenguaje que se articula con imágenes de profundidad indefinible. Es un proceso semiótico regido arbitrariamente en el concierto de las convulsiones históricas que se van redimensionando en los canales expresivos de una estética que como la de Magritte voló en mil pedazos con todo y sus premisas para multiplicar fantásticamente sus temáticas a lomos de una fantasía liberada pese a todo. Surrealismo: estremecimiento sutil y profundo que nos asalta cuando la realidad no puede ser nombrada.



Magritte, surrealista, pasa de largo la tentación de los sueños para pintar enigmas como quien posee la fuerza de un azar lúdico para enfrentar destinos, como quien sabe perfectamente adónde conducen pasillos de laberinto.



Magritte, vigente, tesis que camina obediente de la mano rasposa del tiempo acusando fantásticamente el truco de la historia bajo una realidad enmascarada.
"Pintar un cuadro como si fuera una trampa...y la trampa consiste en una inevitable interpretación en la que caerán los amantes de la simbología, y pensarán en cualquier cosa menos en la idea absoluta que este cuadro describe."

Magritte rompe en algún momento con una cierta coherencia perceptiva que es distinguible en parte de su obra. Surrealismo : Triángulo temido del cual se afirma nadie regresa. Es tiempo de todos los tiempos venideros. La mancha sanguinolenta se convirtió en paréntesis que ratifica lo mismo en muerte, destrucción, humillación, abandono y soledad entre tantas soledades. El tiempo es de todos los tiempos que hoy exudan aún las balas sangrantes del monstruo que aún muerto siguió matando energías, siguió sembrando depresiones, siguió enrareciendo la atmósfera con su aliento mortecino y putrefacto...y aún sigue.
Magritte vigente lo es en cuerpo y espíritu porque aún hoy nos rodean los mismos síntomas de destrucción sin pendejadas. Magritte en su conjunción de elementos opuestos y contradictorios encontró un proyecto expresivo capaz de conflictuar las relaciones entre el arte y la realidad y el problema de la no realidad en el arte.
Magritte conflictúa la denominación de los elementos presentes en cada cuadro alterando los esquemas occidentales que paralizan el pensamiento reduciendo el potencial cognoscitivo por la vía de una especie de objetualización de la experiencia en unidades sonoras, arbitrarias y codificadas.
Son "observatorios" para una exploración lúdica de ida y vuelta, son "cartografía" arbitraria de un universo sin puntos cardinales. Son naves seductoras que despegan y aterrizan pertinaces movidas por la propulsión fantástica de las emociones íntimas y, son también, "espejos" que reflejan, cómplices, el tinglado complejo de voluntades y deseos múltiples para cerrar la "pinza" de un juego interno nada nuevo.

Cada obra se mece colgada en el tendedero de las provocaciones múltiples, esperando y generando respuestas y discursos que ya no están en la palabra pero que están ahí oreándose bajo los rayos simbólicos de un sol cultural que las vitamina, fortaleciendo esa toma de placer estético que se excita "tan callando".
En la azotea de los resultados, la experiencia notifica los elementos, lo elemental, lo primitivo y lo primero. Queda claro de nuevo que están ahí prendidos con pinzas las prendas más íntimas de la vida sintetizando misterios y formas en cada forma sincerada consigo mismo al saberse prenda íntima también.
Malabareamos gustosos con símbolos de frescura incontable mientras nos dejamos sorprender por los lengüetazos intensos de la obra que se hace pertinente para atraparlos en el laberinto carruselesco de esas imágenes que nos arropan.
Es ése uno de los grandes chistes, de los grandes humores, que enseñan enseñando con sus paradojas, sus contradicciones y su necedad. Es como aplaudir a una manos que se quitan los guantes para aplaudir. Es como meter la cabeza a una caja de espejos y sorprendernos por el realismo de la imagen.




Si por algo entonces se mueven las palancas de un lenguaje trenzado siempre con la sorpresa, es porque se parece al amor curioso este de exponernos en la conjunción de verbos balbuceados siempre, capaces de poner en comunión ese conjunto de prendas íntimas, que tanto se parecen a nosotros.
La pintura le ofrece a Magritte un reducto que se subordina a las necesidades más íntimas de su fantasía transgresora, revolviéndose en la hierba fresca del paisaje más frondoso donde florecen las metamorfosis.